2026-06-26

Hacer un lugar para Él


Lecturas

2 Reyes 4, 8-16

Salmo 88

Romanos 6, 3-4. 8-11

Mateo 10, 37-42

Una mujer hospitalaria

La primera lectura de hoy nos presenta a una mujer de Sunem, ama de su casa. Sin grandes discursos ni protagonismos, reconoce en Eliseo a un hombre de Dios y decide hacerle sitio en su casa. Le prepara una habitación. Un espacio. Un lugar. Y ese gesto concreto, silencioso, cotidiano, se convierte en bendición. El profeta va a pedir a Dios algo que le falta y anhela: un hijo.

Este relato nos muestra que, cuando damos espacio a Dios, él llena nuestra vida de una manera inesperada.

Cantar la misericordia siempre

El salmo 88 nos invita a mantener viva la memoria del amor de Dios: Cantaré eternamente las misericordias del Señor. Incluso cuando no todo es claro, el creyente recuerda, repite, proclama. Porque recordar la fidelidad de Dios es lo que sostiene el corazón en el presente.

Bautizados para una vida nueva

San Pablo en su epístola a los Romanos nos recuerda algo esencial: No solo creemos en Cristo. Hemos sido injertados en Él. Como una rama injertada a un árbol recibe de él savia y da fruto bueno, así nosotros, insertados en la vida de Cristo, recibimos su propia vida.

Su muerte es nuestra muerte al pecado. Su vida es nuestra vida nueva. Ser cristiano no es un nombre o una idea bonita, significa una transformación profunda.

Amar a Cristo por encima de todo

El evangelio de hoy nos puede chocar. Jesús pronuncia palabras exigentes, incluso desconcertantes: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí.”

¿Cómo debemos entenderlo? Primero hay que saber el contexto de esta lectura: el capítulo 10 de Mateo es el llamado «discurso apostólico»: Jesús está instruyendo a sus discípulos antes de enviarlos a anunciar el evangelio. Los está preparando no sólo en cuanto a consejos prácticos sino forjando una actitud interior.

Las palabras de Jesús no son un rechazo al amor humano. Es natural que todos amemos a nuestros familiares, y que la familia sea algo prioritario en nuestra vida. Jesús no dice que los desatendamos o los aparquemos. No. 

Sus frases tan rotundas son una llamada a poner a Dios en el centro. Porque solo desde ahí, todo lo demás encuentra su lugar.

Y les recuerda algo que jamás deben olvidar. Son enviados. Quien los acoge a ellos, acoge a Jesús y a su Padre del cielo. Esto es un toque de atención para nosotros. ¿Cómo tratamos a los enviados de Dios, a sus ministros, a sus sacerdotes, catequistas y a todas aquellas personas que nos traen su mensaje y nos recuerdan su presencia en nuestra vida?

Jesús afirma: Hasta el gesto más pequeño, hecho por amor, cuenta. Un vaso de agua no quedará sin recompensa.

Nosotros, hoy

El evangelio nos llama a hacer sitio a Cristo en lo concreto de la vida y amarle con un corazón indiviso.

No necesitamos hacer de grandes gestos heroicos, sino tomar decisiones pequeñas, fieles, constantes. Se trata de invitarle a ocupar un lugar importante en nuestra vida, prepararle un espacio, como la mujer de Sunem. Ponerle en el centro, como Jesús nos pide. Vivir en él, como Pablo enseña.

Quien acoge a Cristo, lo recibe todo.

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