2009-06-20

Fe ante la tempestad

Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago:
—¡Silencio, cállate!
El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo:
—¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?
Mc 2, 1-12


Esta lectura del evangelio es sobrecogedora y está llena de simbolismo. La fuerza de la naturaleza, desatada en la tempestad, es una imagen de los problemas y las angustias que asaltan el corazón humano. En los momentos de zozobra, vemos a un Jesús que, por un lado, mantiene la calma. Duerme, porque confía. Y, por otro lado, los discípulos escuchan con espanto al Jesús enérgico y contundente que manda al oleaje enmudecer.

La fe en Dios es así. Nos da la paz interior para capear los temporales sin perder la calma, porque sabemos que estamos en buenas manos. Pero, a la vez, nos da la fuerza para saber rechazar el mal, para decir ¡cállate!, y liberarnos de los fantasmas del miedo que nos esclaviza.

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