2007-01-07

Epifanía trinitaria en el Jordán

La Trinidad se manifiesta en el Jordán

Con el bautismo cerramos el tiempo de Navidad y Epifanía y nos introducimos de lleno en el ministerio público de Jesús.

El bautismo de Jesús es el inicio de su vida pública, de su gran misión. Esta es posible gracias a su convicción profunda de su filiación con Dios Padre.

En el Jordán se manifiesta la Trinidad. Dios Padre, en la voz que sale del cielo. El Espíritu Santo, que desciende en forma de paloma. Y el mismo Hijo, Jesús. En él se halla la plenitud de la misión trinitaria: hacer presente en el mundo el amor de Dios.

El sentido de la filiación

El convencimiento del amor del Padre lleva a Jesús a salir de Nazaret para emprender su gran aventura y convertirse en predicador de la palabra de Dios. Después del bautismo, cada cristiano es hijo de Dios y todos somos hermanos, unos de otros. Nos une, no la sangre humana, sino la misma sangre de Cristo. Todos los que comemos de su pan y bebemos de su cáliz formamos parte de la familia cristiana.

Cada eucaristía es un momento epifánico en el que se nos revela la Trinidad. Unidos a Cristo, cada uno de nosotros es un hijo amado y predilecto de Dios.

Jesús saca esa enorme fuerza de su unión con el Padre. De esta unión surge la gran empresa apostólica de fundar la Iglesia. Unidos a él, con esta convicción, dejamos de ser niños y adolescentes espiritualmente, para iniciar una vida nueva de adultez cristiana. Esta madurez implica caminar con Jesús hasta entregarse, hasta la cruz. Y también resucitar con él.

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