Lecturas
Hechos 8,
5-8. 14-17
Salmo 65
1 Pedro 3,
15-18
Juan 14,
15-21
Un Amor que Permanece y se Hace Presencia
En este quinto domingo de Pascua, las Escrituras nos llevan
a un tiempo de expansión, de apertura, de promesa cumplida que comienza a tomar
cuerpo en la vida de los creyentes.
En los Hechos de los Apóstoles, contemplamos cómo el pequeño
círculo de seguidores de Jesús se convierte en un río que avanza. Felipe va a
evangelizar a Samaría: un territorio marcado por la distancia, la sospecha y la
diferencia. Pero justamente allí florece la alegría. Donde llega el Evangelio,
algo se reordena, algo sana, algo despierta.
La fe se encierra, sino que sale al encuentro. La fe
auténtica no teme cruzar fronteras.
Dar Razón de la Esperanza
La Primera Carta de Pedro nos invita a algo profundamente
actual: “estar siempre dispuestos a dar razón de nuestra esperanza”.
No se trata de imponer, ni de convencer a base de argumentos
fríos o combativos, sino de traslucir una vida transformada. La esperanza
cristiana no es teoría: es un modo de vivir, de mirar, de sostenerse incluso en
medio de la dificultad.
Y añade algo esencial: hacerlo con dulzura y respeto.
¡Qué necesario resulta hoy este matiz! Porque el verdadero testimonio no grita:
ilumina.
No os dejaré huérfanos
En Evangelio de Juan, Jesús abre el corazón a sus discípulos
con una ternura inmensa: “No os dejaré huérfanos”.
Esta frase puede sostener una vida entera.
Jesús habla de un amor que no se interrumpe con la ausencia
visible. Promete el Espíritu, esa Presencia silenciosa que acompaña, recuerda,
fortalece y guía desde dentro.
No estamos solos. Nunca.
Incluso cuando la fe parece apagarse, incluso cuando el
camino se vuelve incierto, hay una Presencia que permanece. No siempre
evidente, pero siempre real.
Si me amáis…
“Si me amáis, guardaréis mis mandamientos”.
Estas palabras no hablan de obligación, sino de coherencia.
Amar a Cristo es dejar que su vida se traduzca en la nuestra. Es vivir de tal
manera que su forma de amar se haga visible en nuestros gestos cotidianos.
El amor cristiano no es un sentimiento pasajero: es una
decisión que se encarna. Es paciencia. Es perdón. Es fidelidad en lo pequeño.
Una alegría que nace dentro
Las lecturas de hoy nos conducen a una certeza serena:
cuando Dios habita en el corazón, la vida cambia desde dentro.
Como Jesús promete, tampoco nosotros estamos solos.
La Pascua no es solo un acontecimiento pasado: es una vida que sigue desplegándose. Aquí y ahora, en nuestra historia cotidiana.

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