Lecturas
Ezequiel 37, 12-14
Salmo 129
Romanos 8, 8-11
Juan 11, 3-45
Hay domingos que no solo se escuchan… se sienten.
El V Domingo de Cuaresma es uno de ellos. Todo en sus
lecturas late con una fuerza especial: Dios no se resigna a la muerte. Dios
llama a la vida.
“Abriré vuestros sepulcros”
El profeta Ezequiel nos regala una de las imágenes más
poderosas de toda la Escritura: “Abriré vuestros sepulcros y os haré salir de
ellos.”
No es solo una promesa para el final de los tiempos. Es una
palabra para hoy.
Porque todos conocemos esos “sepulcros” interiores: situaciones
que parecen no tener salida, heridas que arrastramos desde hace años, cansancios
anímicos que nos dejan sin esperanza.
Y, sin embargo, Dios no habla de resignación, sino de
apertura. No dice “aprende a vivir ahí dentro”, sino: “sal fuera”.
Un grito que atraviesa la muerte
El Evangelio de hoy, la resurrección de Lázaro, nos sitúa
ante una escena profundamente humana. Lázaro ha muerto. Todo parece terminado.
Y entonces ocurre algo desconcertante: Jesucristo no llega a
evitar la muerte… llega para atravesarla.
Primero llora. Esto lo cambia todo: Dios no se mantiene
distante ante nuestro dolor. Se conmueve, se acerca, participa.
Y después, grita con autoridad: “¡Lázaro, sal fuera!”
No es solo un milagro. Es una revelación: la voz de Dios
tiene poder para despertar lo que parecía definitivamente perdido.
También nosotros somos llamados por nuestro nombre. Este
pasaje no habla solo de Lázaro. Habla de cada uno de nosotros. Porque todos, en
algún momento, estamos “atados”: por las vendas del miedo, por la culpa, por la
tristeza, por una vida que se ha ido apagando sin darnos cuenta.
Y la voz de Cristo sigue resonando hoy, en lo profundo del
corazón: “Sal fuera.”
Sal de lo que te encierra. Sal de lo que te roba la vida. Sal…
porque no estás hecho para permanecer en la muerte.
El Espíritu que da vida
San Pablo, en la carta a los Romanos, lo expresa con una
claridad luminosa: no estamos destinados a la muerte, sino a la vida, porque el
Espíritu de Dios habita en nosotros.
No es solo esfuerzo humano. Es el don de la vida. Cuando
dejamos espacio a Dios, algo comienza a resucitar en nosotros: la esperanza, la
capacidad de amar, el sentido.
Cuaresma: el umbral de la vida nueva
Estamos a las puertas de la Semana Santa. La Iglesia, con
estas lecturas, nos prepara para lo esencial. Antes de celebrar la Resurrección
de Cristo tenemos que escuchar su voz que nos llama a nosotros.
Quizá no todo cambie de golpe. Quizá las “piedras” no se
aparten en un instante. Pero hay algo que sí puede comenzar hoy: creer que Dios
sigue actuando, incluso en lo que parecía muerto.
Oración
Señor, tú que lloras conmigo
y me llamas por mi nombre,
entra en mis sepulcros escondidos.
Pronuncia tu palabra
sobre lo que está muerto en mí.
Y dame el valor de salir,
aunque aún lleve vendas en las
manos.
Porque sé que tu voz
siempre llama a la vida.






.jpg)




.png)


