Lecturas
Jeremías 20, 10-13
Salmo 68
Romanos 5, 12-15
Mateo 10, 26-33
El XXII Domingo del Tiempo Ordinario nos regala tres lecturas muy intensas, con un hilo conductor: la confianza en Dios en medio de la prueba, la valentía de quien vive desde la verdad, aun cuando el entorno sea adverso.
Jeremías: fe en la noche oscura
El profeta Jeremías nos abre su corazón sin filtros. Su
misión no está resultando fácil. Decir la verdad le acarrea muchas enemistades
y vive rodeado de sospechas, traiciones y amenazas: "Terror por todas
partes… hasta mis amigos acechaban mi caída."
Y, sin embargo, en medio de esa noche interior, brota una
certeza: “El Señor está conmigo como fuerte soldado.”
Jeremías abraza su dolor, no teme hablar ante Dios, y tras
la prueba, su fe se vuelve más pura, más desnuda, más verdadera. Nos enseña que
la fe no depende de la ausencia de sufrimiento: confiar es seguir creyendo
cuando todo se tambalea.
Salmo: del grito a la alabanza
El Salmo 68 continúa ese mismo latido: un alma clama desde
lo hondo… y, poco a poco, se eleva hacia la confianza: "Miradlo, los
humildes, y alegraos… porque el Señor escucha a sus pobres."
Dios no es ajeno al sufrimiento humano. Lo escucha. Lo
recoge. Lo transforma.
San Pablo: donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia
En su carta a los Romanos, Pablo nos lleva a una profundidad
teológica impresionante: el contraste entre el pecado de Adán y la gracia
desbordante de Cristo. Si el mal ha tenido fuerza en la historia, la gracia de
Dios la supera infinitamente.
Hoy nos parece que el mal triunfa en el mundo. Podemos llegar
a dudar de la fuerza del bien y de la presencia de Dios. Pero Pablo nos invita
a no encerrarnos en nuestros miedos, errores y fragilidades. En Cristo, siempre
hay un “más allá”: más vida, más perdón, más oportunidades para empezar de
nuevo.
No tengáis miedo
En el evangelio de hoy, el discurso apostólico de mateo,
Jesús sigue enseñando a sus discípulos antes de enviarlos en misión. Sus palabras
son rotundas y desafiantes. “No tengáis miedo”, dice. Porque Jesús no promete
una vida sin dificultades. Los creyentes serán perseguidos; los evangelizadores
serán odiados. También hoy se respira un ambiente de aversión a la Iglesia, que
es atacada muchas veces de manera injusta y falsa.
Jesús nos asegura algo mucho más grande: la presencia
amorosa del Padre en cada detalle de nuestra vida. "Hasta los cabellos de
vuestra cabeza están contados." Y añade una llamada valiente: reconocerle
ante los demás, vivir sin esconder la fe, sin reducirla al silencio cómodo.
Quien vive desde Dios, vive en la verdad. Y la verdad,
aunque a veces incomode, libera y sostiene.
Este domingo Jesús nos invita a no huir del miedo, sino a
mirarlo con Dios. Nos pide que confiemos, aunque no entendamos del todo. Y nos
anima a no esconder nuestra fe, sino a vivirla con sencillez y autenticidad.
Sin presumir y sin escondernos; sin avasallar, pero sin disimularla.
Quizá hoy tu corazón esté más cerca de Jeremías que del
triunfo. No pasa nada. Ahí, justo ahí, Dios susurra: “Estoy contigo.”













