2008-01-06

Epifanía -la fiesta de los Magos

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de alegría. Entraron en la casa, vieron al niño y a María, su madre, y cayendo de rodillas, lo adoraron. Después, abriendo sus corres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un aviso para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino. Mt 2, 1-12

Celebramos hoy una fiesta entrañable: la Epifanía del Señor. Si en Navidad fue anunciado a unos humildes pastores, esta fiesta celebra que Dios se revela a toda la humanidad.

Es la fiesta de unos hombres sabios que se ponen en marcha, buscando el sentido auténtico de la verdad. Y descubren en el nacimiento de un bebé la expresión del misterio de Dios.

En la lectura del evangelio podemos ver diferentes actitudes hacia Dios reflejadas en los personajes que aparecen en el texto.

Los magos, símbolo el hombre que busca

Los magos representan al hombre en búsqueda de la verdad. En su figura descubrimos que ciencia y fe no están reñidas; eran personas cultas, inteligentes, astrónomos y científicos de su época que supieron ser humildes y reconocer que en el nacimiento de Dios se manifestaba una nueva realidad que ultrapasaba toda capacidad de raciocinio.

No se puede hacer teología si no nos abrimos a la filosofía y al estudio antropológico. Conociendo la humanidad de Dios podremos conocer su divinidad. Pero también la ciencia ha de ser humilde y no pretender encerrar toda la realidad en sus conceptos.

Ponerse en marcha y salir de un país lejano tiene un sentido más allá del trayecto geográfico: significa emprender un profundo éxodo interior. Salir de uno mismo nos puede ayudar a encontrar la estrella que nos guíe hacia el misterio de Dios.

Arrodillarse significa reconocer la trascendencia con humildad y, al mismo tiempo, comunicarse con ella, desde la sencillez y el reconocimiento de la propia pequeñez.

La fiesta de hoy es la fiesta de los que buscan, de los que se ponen en marcha y de los que, con corazón limpio y bondadoso, buscan el sentido pleno de la existencia, acariciada por el misterio. Los magos representan a aquellos hombres buenos que se dejan interpelar por la experiencia de Dios en sus vidas.

El hombre temeroso

Sin embargo, la actitud de Herodes es muy diferente. Con su miedo, revela la envidia, la inseguridad y su afán de dominio y de poder. Quiere impedir a toda costa que se culmine el nacimiento del Mesías. Recurre a la mentira y a la manipulación. Finge y utiliza a los magos para obtener información. Esta actitud es propia del que tiene poder y teme que éste tambalee. Cuántas veces el miedo nos hace mentir para no perder nuestra posición. Cuántas veces, por temor, matamos realidades de Dios en los demás. Pero Herodes no logra su propósito. Quiere saber para matar. Pero Dios nunca permitirá que la hermosa historia de la redención se detenga.

Acoger a Dios

María es todo lo contrario. Su actitud es acogedora, llena de ternura, de apertura a Dios. Ejerce su maternidad, cuidando del niño, protegiendo el misterio de Dios encarnado. Hace posible que el designio de Dios se culmine.

Los magos, saliendo de Jerusalén, llegan a la cueva de Belén. Esa cueva, hoy, es la Iglesia. Allí encontramos a Dios. En la Iglesia, María lo acoge en su seno y los cristianos, como los magos, podemos acercarnos a ella para recibir su amor. En nuestra búsqueda de Dios, nunca olvidemos que María es una estrella luminosa que nos guía hacia la Iglesia.

En estos días de fiestas, todos intercambiamos regalos. Los niños son especialmente protagonistas, recibiendo obsequios de sus padres y familiares. Los padres, catequistas y educadores no debemos olvidar que el mejor regalo que podemos ofrecer a nuestros niños es Jesús. Regalarles al mismo Dios, que llena de sentido sus vidas, es el mayor don, y éste es el regalo que la Iglesia ofrece al mundo.

No hay comentarios: