Lecturas
Eclesiástico 15, 15-20
Salmo 118
1 Corintios
2, 6-10
Mateo 5,
17-37
Más allá del cumplimiento: el corazón que ama
Las lecturas de este domingo nos sitúan ante una cuestión
decisiva: ¿qué significa realmente cumplir la Ley de Dios? ¿Se trata solo de
obedecer normas… o de algo más profundo?
El evangelio de Evangelio según san Mateo (5, 17-37) nos
introduce en un momento clave del Sermón del Monte. Jesús afirma con claridad
que no ha venido a abolir la Ley, sino a darle plenitud. Y, a partir de ahí,
nos desconcierta —y nos eleva— llevando los mandamientos hasta el interior del
corazón.
Jesús no rebaja la exigencia. La radicaliza. Pero no desde
la dureza, sino desde el amor.
La libertad de elegir el bien
El libro del Eclesiástico (15, 15-20) lo expresa con una
claridad luminosa: “Ante ti están el fuego y el agua; extiende tu mano a lo que
quieras”.
No podemos refugiarnos en la excusa de que “todos lo hacen”
o “no es para tanto”. Cada decisión cotidiana —una palabra, un gesto, una
omisión— va modelando el tipo de persona que somos.
Cumplir la Ley no es soportar un peso. Es elegir el camino
que conduce a la vida.
La sabiduría escondida que se revela
San Pablo, en la primera carta a los Primera carta a los
Corintios (2, 6-10), habla de una sabiduría misteriosa, escondida desde siglos
y ahora revelada por el Espíritu.
No es la sabiduría del mundo, basada en el cálculo o la
apariencia. Es la lógica de Dios, que solo se comprende desde el amor y la
cruz.
De la norma al corazón
Jesús va más allá de la letra porque apunta al origen de
nuestras acciones. El mal no comienza en el acto visible, sino en el
resentimiento cultivado, en la mirada posesiva, en la palabra que hiere.
Cuántas veces pensamos que “no hemos hecho nada malo”… y,
sin embargo, guardamos rencor, alimentamos juicios, pronunciamos palabras que
dañan silenciosamente.
El Señor no quiere una moral mínima. Quiere un corazón nuevo.
Y eso no se logra solo con esfuerzo. Se recibe como gracia.
Se pide. Se cultiva.
Vivir en coherencia
El salmo 118 canta: “Dichosos los que caminan en la ley del
Señor”. No habla de esclavitud, sino de dicha. La coherencia interior da paz.
La verdad libera. La pureza de intención unifica la vida.
Hoy la Palabra nos invita a revisar no solo lo que
hacemos, sino cómo lo hacemos y desde dónde lo hacemos.
Jesús no vino a complicarnos la vida. Vino a ensanchar el corazón.

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