Lecturas
Sabiduría 12, 13-19
Salmo 85
Romanos 8, 26-27
Mateo 13, 24-43
Hay palabras de Jesús que no se dejan domesticar fácilmente.
Hoy es una de esas ocasiones. Las lecturas nos colocan ante el misterio del
mal, la paciencia de Dios y la esperanza de una cosecha final. No son textos
cómodos, pero sí profundamente humanos: hablan de nuestra impaciencia, de
nuestros juicios apresurados y de ese deseo de que todo se arregle ya. Y, sin
embargo, Dios parece tener otro ritmo.
Dejar crecer
“Dejadlos crecer juntos hasta la siega.” (Mateo 13, 30)
La parábola del trigo y la cizaña nos descoloca. Nosotros,
espontáneamente, querríamos arrancar la cizaña cuanto antes. Nos incomoda el
mal, dentro y fuera de nosotros. Nos irrita la injusticia, la incoherencia, la
mediocridad… y también nuestras propias sombras. Pero el dueño del campo —imagen
de Dios— sorprende con una orden desconcertante: dejar crecer juntos trigo y
cizaña.
¿Por qué? Porque al arrancar la cizaña podríamos arrancar
también el trigo. Porque nuestra mirada no siempre distingue bien. Porque el
tiempo forma parte del misterio de la salvación.
El libro de la Sabiduría lo dice con una delicadeza
inmensa: Dios juzga con moderación y gobierna con gran indulgencia. Su poder no
se manifiesta aplastando, sino dando oportunidades. No es indiferencia ante el
mal, sino paciencia activa, misericordia que espera conversión.
San Pablo, por su parte, añade una clave interior: ni
siquiera sabemos pedir como conviene. También dentro de nosotros hay mezcla.
Hay deseos de bien y resistencias, luz y sombras. Y en ese campo interior, el
Espíritu ora en nosotros con gemidos inefables. Dios no se desespera con
nosotros; trabaja en silencio.
Jesús, al final de la parábola, sí habla de una siega. Habrá
un momento de verdad. El mal no tendrá la última palabra. Pero ese juicio
pertenece a Dios, no a nosotros. Nuestra tentación es ocupar su lugar,
clasificar, excluir, condenar. El Evangelio nos invita a otra actitud:
paciencia, discernimiento humilde y confianza.
Esta palabra es profundamente liberadora. Nos recuerda que
no somos jueces definitivos, ni de los demás ni de nosotros mismos. Somos campo
en proceso, historia abierta, vida en crecimiento.
Vida de nuestra vida
Hoy podemos preguntarnos: ¿a quién estoy juzgando con
dureza? ¿Dónde me falta paciencia? Tal vez en la familia, en la comunidad, en
la Iglesia… o conmigo mismo.
El Evangelio nos invita a cambiar de actitud: a mirar con
más misericordia que condena; a dar tiempo a los procesos personales, sin
querer resultados inmediatos; a confiar en que Dios sigue obrando, incluso
donde no lo vemos.
Un gesto concreto: hoy, no reacciones con un inmediato ante
una persona o situación. Detente, respira y mira con los ojos de Dios.
Oración
Señor, paciente y misericordioso,
tú que no arrancas la cizaña antes de tiempo,
enséñame a vivir con esperanza en medio de la confusión.
Dame un corazón humilde,
que no me crea juez de nadie,
y una mirada limpia para descubrir el bien que crece en
silencio.
Espíritu Santo, ora en mí cuando no sé cómo hacerlo,
y haz de mi vida un campo donde el trigo madure para tu
Reino.
Amén.

1 comentario:
En este momento lo.veo muy acertado para el momento de mi vida.Mucho.pensar en hacer cosas y cuando llega la hora no se dar testimonio
Publicar un comentario