2026-07-03

Venid a mí

Lecturas

Zacarías 9, 9-10

Salmo 144

Romanos 8, 9-13

Mateo 11, 25-30

Un Rey humilde que trae la paz

El profeta Zacarías, en la primera lectura, anuncia algo desconcertante: llega un rey… pero no poderoso según el mundo. "Mira a tu rey que viene a ti, justo y victorioso, humilde, montado en un asno." No viene imponiendo, sino ofreciendo. No conquista por la fuerza, sino por la paz.

Dios rompe nuestras expectativas: su grandeza es la humildad. Y este es también el estilo de Jesús: su última entrada en Jerusalén hizo realidad la profecía. Entró en medio de palmas y aclamaciones, pero no para someter sino para invitar al Reino de su Padre.

El Salmo: bendecir su nombre por siempre

El salmo 144 es un canto confiado: "Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey." Canta a un Dios cercano, compasivo, lento a la ira y rico en misericordia. No es el Dios guerrero y juez al que quizás nos han acostumbrado, sino un Padre benevolente. El corazón que lo reconoce descansa en esa certeza.

 Vivir según el Espíritu

La carta de Pablo a los Romanos contiene una gran enseñanza sobre la conversión y la posibilidad de renovación interior. San Pablo nos sitúa ante una elección interior: vivir según la carne o según el Espíritu. ¿Qué significa esto? Según la carne es vivir centrado y cerrado en uno mismo: cuando la prioridad es el propio interés, placer o confort, sin atender al bien de los demás. Vivir según el Espíritu es seguir los pasos de Jesús con una vida entregada y generosa.

Los cristianos podemos decir que «vivimos según el Espíritu». Pero esto no es una teoría. Es una experiencia diaria. Cuando dejamos que el Espíritu habite en nosotros, algo cambia profundamente: nace en nosotros una vida nueva, más libre, más luminosa. Si nuestra fe no nos cambia, es porque todavía no estamos convertidos. Creemos con la mente y quizás con el corazón, pero no hemos encarnado en nuestra vida aquello que decimos creer.

Venid a mí… y encontraréis descanso

Mateo contiene uno de los pasajes más tiernos del Evangelio: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.”

Jesús miraba a las multitudes que lo seguían, cargadas y agotadas por la dureza de la vida diaria y por el peso moral del pecado. También hoy, viendo cómo nuestra sociedad nada en la abundancia, pero sufre de vidas vacías y sin sentido, se apiadaría y nos llamaría con urgencia. ¡Venid a mí!

Jesús no exige primero. Primero acoge. No carga más peso, sino que enseña a llevar la vida de otra manera: "Mi yugo es llevadero y mi carga ligera."

¿De qué yugo está hablando Jesús? ¿Es posible que sea llevadero, y la carga ligera? Sí, cuando se renuncia al orgullo, el peso más grande, y se opta por seguir libremente sus pasos. Es el yugo del amor. El de quien no camina solo.

Dios no viene a imponerse, sino a sostener. Y el alma que se abre a Él encuentra descanso.

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