2026-07-24

El tesoro escondido

 


Lecturas

1 Reyes 3, 5-12

Salmo 118

Romanos 8, 28-30

Mateo 13, 44-52

En medio del ruido y el calor del verano, quizás con muchos planes y distracciones, la Palabra de hoy nos invita a detenernos y preguntarnos: ¿qué es lo verdaderamente importante en mi vida? No lo urgente ni lo inmediato, sino aquello por lo que vale la pena apostar el corazón entero. Porque quien encuentra el verdadero tesoro, ya no duda en darlo todo.

“El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo.” (Mateo 13, 44)

Salomón, en la primera lectura, nos sorprende: pudiendo pedir riqueza, poder o larga vida, pide un corazón sabio. No pide tener más, sino ver mejor. Y eso agrada profundamente a Dios. Porque quien aprende a mirar con sabiduría descubre dónde está el verdadero tesoro.

Jesús, en el Evangelio, utiliza imágenes sencillas y contundentes: un tesoro escondido, una perla de gran valor. En ambos casos ocurre lo mismo: alguien encuentra algo extraordinario y, lleno de alegría, vende todo para quedarse con ello. No hay cálculo frío, sino una certeza interior: esto merece la pena.

Así es el Reino de Dios. No deslumbra externamente, no avasalla ni compite con el ruido del mundo. Está ahí, muchas veces escondido: en la fe sencilla, en una vida entregada, en el amor cotidiano, en la paz del corazón. Pero cuando alguien lo descubre de verdad, todo lo demás pierde peso.

San Pablo lo expresa con una frase muy profunda que debiéramos meditar: “Todo contribuye al bien de los que aman a Dios”. Todo, incluso los contratiempos, las dificultades y los errores. Quien ha encontrado el tesoro ya no vive desde el miedo o la ansiedad, sino desde la confianza. Incluso lo difícil, lo que parece negativo, puede convertirse en un camino hacia el bien.

Sin embargo, Jesús añade una advertencia final: como en la red que recoge peces de toda clase, llegará un momento de discernimiento. No basta con encontrar el tesoro; hay que elegirlo cada día. Porque junto al tesoro auténtico se nos ofrecerán muchos falsos tesoros, bagatelas que brillan y pueden engañarnos. El sabio padre de familia va escogiendo y separando. Lo nuevo de lo antiguo; lo útil de lo que ya no vale.

Hoy puedes hacer un ejercicio muy concreto: detente unos minutos en silencio y pregúntate con sinceridad: ¿Qué ocupa hoy el centro de mi vida? ¿Qué estoy defendiendo? ¿Qué estoy buscando o acumulando? ¿Reconozco en Dios mi verdadero tesoro?

Quizá no se trata de hacer grandes cambios, sino de reordenar el corazón: dar más tiempo a Dios, cuidar una relación, vivir con más coherencia, soltar aquello que pesa y no da vida.

Oración

Señor, dame un corazón sabio como el de Salomón,

capaz de reconocer lo que realmente vale.

Ayúdame a descubrir tu presencia escondida

en lo sencillo de cada día.

Que no me conforme con lo superficial,

ni me pierda en lo pasajero.

Hazme valiente para elegirte,

para darte el primer lugar,

para vivir con la alegría

de quien ha encontrado el tesoro.

Amén.

1 comentario:

Anónimo dijo...

¡Gracias P. Joaquín !